EL ACCIONAR DEL IMPERIO EN AMÉRICA LATINA Y CARIBE

29.08.2018 12:54

PANORAMA LATINOAMERICANO

El accionar del Imperio en América Latina y Caribe

“El enemigo nunca actúa de forma blanda” Pascual Serrano.

Aunque se sobrevuele ligeramente la realidad continental, no hay que ser un lince para poder ver con toda crudeza el accionar del Imperio en América Latina y Caribe. En las líneas que se desarrollan en estos Panoramas Latinoamericanos se sostiene que el Poder Económico imperante utiliza todos los medios a su alcance para mantener y profundizar la explotación de pueblos y sus recursos naturales para su exclusivo beneficio.

Los Poderes locales o regionales que responden a los intereses marcados por el Departamento de Estado de los EEUU actúan en consonancia. La presión mediática se une a la judicial y a la económica de las multinacionales para amedrentar a las poblaciones y lograr sus objetivos esquilmadores.

Las formas han cambiado, pero no sus horizontes estratégicos.

Recordemos las dictaduras militares instaladas en casi todo el continente cuyos mandos habían sido preparados en la Escuela de las Américas. Respondiendo a los dictados del Pentágono y para imponer el neoliberalismo implementaron, entre otras medidas, el aberrante producto de coordinación regional llamado “Plan Cóndor”. Creado por la CIA en el Paraguay del dictador Stroessner, ese Plan permitía el intercambio entre dictaduras de personas que habían sido secuestradas y posteriormente engrosarían las listas de desaparecidos.

A ello le siguió una retahíla de gobiernos neoliberales que consolidaron estructuras judiciales, mediáticas, policiales y hasta constitucionales que continuaran favoreciendo al neoliberalismo imperante solo que ahora con el rótulo de “democracias”.

Democracias de baja intensidad, como algunos politólogos las definen, o “democraduras” por esa conjunción de formas aparentemente consensuadas pero que ocultan (aunque cada vez menos) rígidos mecanismos represivos.

Con la solitaria y maravillosa excepción de la Revolución Cubana. En las últimas décadas la movilización organizada de los pueblos ha logrado disputar un territorio de poder que en épocas no tan lejanas era de exclusiva competencia de los mandamases instalados en Washington o Wall Streat. Surgen gobiernos transformadores en Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, El Salvador, Nicaragua, Paraguay, Argentina, Honduras, etc.

Surgen entidades regionales como UNASUR, CELAC, etc., que niegan a los EEUU un papel dirigente.

Es en ese contexto regional en el que la derecha colombiana se ve obligada a aceptar un Proceso de Paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP).

Pensar que el capitalismo (neoliberal o no) acepte deportivamente su derrota es de una ilusión tremenda, cercana a la traición. Decía el Che Guevara que del Imperialismo no había “que fiarse ni un tantito así”

Ante el avance de posiciones de independencia de los países se refuerza la maquinaria obsecuente con el Departamento de Estado USA. Resulta fácil encontrar puntos en común en toda América Latina y Caribe. ¿O es una simple casualidad el accionar casi calcado de ciertas instancias económicas, judiciales, policiales, de los grandes medios de (des)información de Brasil, Argentina, Paraguay, Ecuador, Honduras, etc.? Cambian sólo en aspectos superficiales, pero se mantienen en los principios fundamentales.

Sintiéndose fortalecidos por el encarcelamiento de Lula en Brasil, la traición de Moreno en Ecuador, la avalancha represora del gobierno Macri en Argentina (que incluye la insólita intervención del principal partido opositor, saltándose todas las normas democráticas) el presidente colombiano Juan Manuel Santos y secuaces judiciales se ven con fuerza para hacer saltar el proceso de paz siguiendo las directrices norteamericanas de llevar a las FARC a la misma situación de la Unión Patriótica (UP) e los años ‘80 y ‘90, cuando más de 5.000 de sus miembros fueron asesinados. Entre ellos dos candidatos presidenciales, ocho congresistas, trece diputados, setenta concejales y once alcaldes.

Dice José Schulman, dirigente de la LADH, entidad argentina defensora de los DDHH decana en América Latina, que es la lucha por el control del Estado, que no del gobierno. Es la lucha por el Poder real. Es un territorio que los pueblos disputan, el territorio de la vigencia efectiva de los Derechos Humanos para todas las personas. 

* Jorge Grela - Analista latinoamericano - Mundo Obrero