la heroica resistencia chilena  Nuestro homenaje a los caídos

Fieles al legado de Salvador Allende.

Ellos escribieron una página gloriosa de nuestra historia y su memoria debe ser reivindicada sin vacilaciones para impedir que el oportunismo político silencie el reconocimiento que se merecen los que lucharon y murieron por la libertad de Chile. Este homenaje quiere honrar el ejemplo de los hombres y mujeres que impulsaron todas las formas de lucha para poner fin a la más odiosa tiranía que ha conocido nuestra patria. Entre 1973 y comienzos de 1990, las FF.AA. y Carabineros, y el gran empresariado nacional y extranjero, aplicaron las formas más crueles y perversas del terrorismo de Estado. Los testimonios de sobrevivientes de la tortura y testigos de crímenes cometidos por los agentes de la Dina y la CNI -en su mayoría miembros de las FF.AA. y Carabineros-, todavía causan horror y amedrentan a muchos que evitan participar en la lucha social y política.

Ellos se preguntan -con razón- si las instituciones armadas no serían capaces de volver a cometer los atropellos y aberraciones con que martirizaron al pueblo durante esos 17 años de espanto. Las FF.AA. no han sido democratizadas y permanecen leales a los intereses golpistas del 73. Tampoco han ayudado a esclarecer la suerte que corrieron los detenidos desaparecidos. La respuesta al terrorismo de Estado fue la Resistencia que impulsaron los sectores más avanzados del pueblo. Partidos ilegalizados como el MIR, el PC, PS, la Izquierda Cristiana y el Mapu aprendieron a sobrevivir en rigurosas condiciones de clandestinidad.

Chile no sufría una dictadura militar desde hacía cuarenta años y los métodos de trabajo clandestino eran desconocidos para una Izquierda que no fue preparada para afrontar el golpe de Estado. Eso significó elevados costos en vidas y la prisión y exilio para miles de cuadros. Su readecuación a las nuevas condiciones, permitió a la Izquierda evitar la liquidación física que pretendía el terrorismo de Estado. Sin embardo, las bajas que sufrió la Resistencia fueron grandes. Cayeron jóvenes dirigentes revolucionarios de la talla de Miguel Enríquez en el MIR, Arnoldo Camú en el PS. No obstante, las masas populares logró propinar golpes importantes que mostraron la vulnerabilidad de la dictadura y contribuyeron a su debilitamiento.

El Partido Socialista de Chile dio inicio a una heroica lucha de masas rupturista con perspectiva inssurrecional que debía culminar con el alzamiento del pueblo. Heroicos socialistas enfrentando toda la brutal represión de la Dictadura comienzan a reorganizar el PS, adaptando su estructura orgánica para los embates de la represión y a las duras condiciones de lucha en la clandestinidad. Valiosos cuadros que se encontraban en el exilio regresaron clandestinamente, entre ellos el joven Carlos Godoy Echegoyen. Eduardo Charme.

Surgieron así las primeras acciones de enfrentamiento y sabotaje que se afianzaron con la creación de los Destacamentos Populares 5 de Abril. A su vez, el Partido Comunista puso en marcha su estrategia de rebelión popular de masas y creó el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que llevó a cabo audaces acciones armadas.

Penosa y esforzadamente, pagando un costo que puso a prueba el valor y voluntad de lucha de la Resistencia, se crearon las condiciones que en 1990 obligaron a las FF.AA. a retirarse a sus cuarteles. El triunfo del No en el plebiscito de 1988 pavimentó el camino a la “transición pactada”, que impusieron el Departamento de Estado, el Vaticano y gobiernos europeos. En ese desenlace tuvieron mucho que ver -aunque la historia oficial lo oculte- las acciones armadas y de masas de las organizaciones de la Resistencia Chilena.

Un pueblo que ignoraba las formas más elevadas de lucha, las había puesto en práctica con singular valor. Complejos requerimientos se habían resuelto con audacia y creatividad. Las formas clandestinas de vida se generalizaron.

La infraestructura, los impecables documentos de identidad falsos, el trasiego de personas y recursos a través de las fronteras se multiplicaron, se construyeron escondites y depósitos, se fabricaron ingeniosos barretines para el transporte de materiales, mensajes cifrados y prensa clandestina, se multiplicaron las interferencias de las señales de radios y televisión con proclamas revolucionarias, se escucharon los mensajes cargados de muerte que intercambiaban las patrullas de la CNI, se exploraron ciudades y campos para instalar escuelas de cuadros en clandestinidad, etc. Alentado por la lucha clandestina, se intensificó el heroico trabajo de los familiares de presos políticos y víctimas de la represión, nacieron las organizaciones defensoras de los derechos humanos, las bolsas de cesantes y los “comprando juntos”, que conformaron un arco impresionante de Resistencia Popular. Es una historia todavía desconocida que tuvo miles de protagonistas anónimos.

El pueblo chileno se engrandeció en esa hora de prueba. La extensión y radicalización de la lucha introdujo un factor determinante en las negociaciones de la “transición pactada”. Existía la posibilidad de que ese proceso madurara hasta alcanzar la fuerza necesaria para derrocar a la dictadura. Esto habría significado lo contrario a la “transición pactada”: un gobierno de democracia avanzada en lo social y político.

Frente a ese peligro, el imperio impuso el traspaso del gobierno a las manos confiables de la Socialdemocracia y la Democracia Cristiana, que ejercen tales funciones desde hace más de un cuarto de siglo. Sin embargo, la historia no ha terminado, recién comienza. La experiencia que acumuló el pueblo chileno -que se inicia con el ejemplo combatiente de Salvador Allende en La Moneda-, es un legado que debemos cuidar. A esto obedece nuestro llamado a rendir homenaje a los mártires del GAP a esos "elenos" que fueron los héroes y los primeros mártires de la Resistencia al Fascismo. Ellos son nuestros héroes y mártires y por siempre les llevamos en la memoria.