XXIX Congreso del Partido Socialista de Chile - Eugenio González Rojas (2011)  El Regreso de los GAP

La Vida por Salvador Allende.

Aunque cincuentones y más gruesos, siguen autodefiniéndose como "un grupo escogido de combatientes idealistas", dispuesto a todo. Para encontrar a sus compañeros desaparecidos, pidieron entrevista con el general Izurieta y apoyan la mesa de diálogo.

Por MAURICIO CARVALLO

VEINTISEIS años después - ya cincuentones y más gruesos- , los ex GAP, los sobrevivientes del grupo de amigos personales del Presidente, están reorganizados. Quienes se declararon capaces de dar sus vidas por Salvador Allende defendieron a sangre y fuego La Moneda y aseguran haber provocado numerosas bajas en los efectivos de las FF.AA., intentan reivindicar sus vidas pasadas y encontrar a una veintena de compañeros desaparecidos.

Con ese propósito regresaron del exilio a fines del '94 y están apoyando la mesa de diálogo, a la cual quieren aportar datos precisos sobre cada caso.

La tarea es difícil porque todos usaron "chapas", es decir, nombres políticos supuestos, con los cuales todavía son recordados. La historia del 11 que sostienen haber reconstituido les permite asegurar que ninguno de ellos pereció ese día, sino que fueron muertos o desaparecieron después de ser tomados prisioneros y llevados al regimiento Tacna.

Sus datos indican que el 12 de septiembre entró un camión militar con boinas negras a ese recinto para llevarse a esos GAP atados de pies y manos y los sacaron con dirección desconocida, presumiblemente Peldehue.

Sólo han logrado identificar a cuatro compañeros que aparecieron en el patio 29 del Cementerio General atravesados por decenas de balas y con otros signos de violencia.

Los de ahora

El grupo nació como iniciativa del PS porque en octubre del '70, es decir poco antes de que asumiera Allende, se produjo el asesinato del general René Schneider y el partido quiso proteger a su presidente.

Desde entonces y hasta principios del '72, el MIR y el PS compartieron la jefatura. Pero se produjeron desacuerdos y los miristas se retiraron. Por lo tanto, Max Marambio, uno de los fundadores, dejó paso en la jefatura a Domingo Blanco, "Bruno", hoy desaparecido. Su hija, María Soledad, integra la actual directiva y lo busca.

Oficia como jefe y vocero del grupo el técnico automotriz Isidro García Herrera ("Roberto"), quien fue chofer de la escolta presidencial y disparó a los militares desde el Ministerio de Obras Públicas. Su hermano Hugo, según recuerda García con cierta envidia, tuvo "mejor suerte", pues logró entrar a La Moneda y sobrevivió tras ser hecho prisionero. Lo llevaron al Tacna, pero logró, junto con otros dos, cambiarse al grupo de los infractores del toque de queda y fueron puestos en libertad tras dos semanas en los estadios Chile y Nacional.

García llegó a la entrevista con "El Mercurio" acompañado por otro miembro de la actual directiva, Enrique Ramos Rivera ("Manuel"), quien era mueblista y actualmente es funcionario administrativo del PS. Es el único que ha permanecido en el GAP desde su creación. El hermano de quien se autocalifica como ex "edecán civil" del Presidente también fue GAP y está desaparecido. Herido en La Moneda, fue trasladado a la Posta Central, donde fue detenido.

También llegaron Ricardo Loyola Vergara ("Daniel") y Leonardo Henríquez Jiménez ("Ignacio"), también ex escoltas. El primero era profesor de educación básica y ahora es contratista de la construcción "cesante". El segundo dejó para ser GAP sus estudios en Bellas Artes y en estos días es propietario de un taller de cerrajería artística.

Se autocalifican como "antiguos combatientes".

Argumentan que la paradoja es que, a pesar de que la oposición a la Unidad Popular los consideró como grupo terrorista, defendieron a un Presidente elegido constitucionalmente y a la sede del gobierno, símbolo de la democracia. Y plantean que lo hicieron sin que fuera necesario haberlo jurado previamente, mientras que se enfrentaron a quienes sí habían prometido resguardar el orden constitucional.

Con la bala pasada

Para no desentonar frente a la reconocida elegancia de Allende usaron el pelo corto y se les recomendó no tener bigotes. Vistieron buenos ternos, aunque dicen haber ganado unos 4.500 escudos que, ahora, equivaldrían a unos 80 mil pesos. Pero entonces les parecía "una ayuda" porque la mayoría era soltero y estudiante.

Según Henríquez, "en una época en que hasta para pegar un papel se pregunta cuánto pagan, debe parecer extraño abandonar un futuro para ayudar en lo que se estimaba justo. Pero nos sentimos orgullosos de haber participado en una tarea que exigía entrega total noche y día, en la que incluso quienes estaban casados se desligaban de sus familias. Para nosotros eso era justo porque la muerte del doctor significaba detener el proceso".

Dicen que la relación con el Presidente fue de amistad porque veían juntos partidos de fútbol y jugaban pool.

Aunque ahora vistan chaquetas de cuero, no conozcan la pobreza y la mayoría usa bigote, en el fondo no han cambiado sus ideas de antaño. Por ejemplo, Loyola se declara "antisoldado" porque "todas las FF.AA. y policías son organismos represivos contra el pueblo".

García reconoce que en un comienzo el GAP era un grupo desordenado y que para remediarlo el PS tomó su control para colocar solamente a militantes. Exigió trayectoria política reconocida y claridad de ideas, y reunir condiciones físicas suficientes. Estas eran mejoradas en la escuela de preparación ("una cancha de obstáculo precaria", dicen ellos) ubicada en la casa que Allende tenía en El Cañaveral. Allí se realizaba la selección final, a veces con la intervención del Mandatario.

Desmienten que se prepararan en Cuba y sólo dicen haber recibido "un mínimo entrenamiento". Les ayudaba, dicen, la juventud y el buen estado físico obtenido al subir y bajar los cerros cercanos. De la veintena que se probaban cada dos meses, sólo se contrataba uno o dos, o a ninguno.

Aunque a principios de los 70 se compuso una conocida canción reclamando contra la prepotencia de los GAP, ellos atribuyen esta imagen a "una campaña de la derecha porque no éramos hijos de ricos, sino de obreros y campesinos del norte y del sur". También culpan a lo difícil que les resultaba adivinar si las víctimas de sus golpes en las costillas eran agentes de la CIA que atentarían contra el Presidente.

"Como conducíamos velozmente también nos consideraban locos, pero eso formaba parte de las medidas de seguridad", reconoce García.

"Y actuábamos así porque siempre había gente que nos echaba encima sus vehículos a pesar de que iba el Presidente, por lo cual debíamos actuar de manera similar", agrega Loyola. "Pero nunca sacamos un arma porque según nuestras normas si lo hacíamos era para disparar".

Aseguran que una sola vez antes del 11 Allende les ordenó andar con bala pasada, pero sin mostrar las armas: después de la muerte del comandante Arturo Araya.

El "suicidio colectivo"

Se siguen autodefiniendo como "un grupo escogido de combatientes idealistas", compuesto por medio centenar de jóvenes de alrededor de 25 años que siguieron al Presidente en donde estuviese.

Uno de los que reconocen entre los vivos es al subsecretario de Desarrollo Regional, Marcelo Schilling, a quien vieron más bien encargado de la instrucción política del grupo.

Entre los planes de defensa figuraba rescatar vivo a Allende desde La Moneda. La idea era combatir primero y después salir, cruzar Morandé y atrincherarse en el Banco del Estado. Pero como eso hacía necesario mayor número de efectivos, se rechazó esta vía.

Nadie se sorprendió con su suicidio.

"Preferimos eso antes de que algún militar disparara contra él", señala García.

"Nos dijo en reiteradas oportunidades que lo sacarían muerto de La Moneda", recuerda Ramos.

"O que sólo saldría de ella el 4 de noviembre del '76, cuando terminara su mandato", agrega Henríquez.

"Sabíamos que debíamos pelear hasta el final", resume Loyola.

Los cuatro concuerdan en su disposición a ofrecer sus vidas por la misma causa. "Si no hubiese sido así no me habría atrevido a ir desarmado hasta las puertas de La Moneda, sabiendo que había un golpe militar", explica Henríquez. "En el combate, se pierde el miedo y lo que lo llena a uno es defender la causa", razona Loyola.

"Hubiésemos podido quedarnos en nuestras casas", indica Ramos.

Recuerdan que incluso Allende reunió a todos los GAP y les dio la oportunidad de que se rindieran, pero ninguno lo hizo.

García revela la fascinación que Allende todavía ejerce sobre todos ellos:

"Los GAP de La Moneda no dieron su vida por el Presidente porque les jugó un poco chueco. Cuando ya no quedaba munición y era imposible permanecer en ese lugar infernal, hizo salir a todos para rendirse. Pero él se quedó al final, cubriendo a los demás. Y los compañeros no se dieron cuentan de que el Presidente ya no estaba entre ellos".

A lo que Henríquez asegura: "Si hubiesen visto a Allende matándose, capaz que allí mismo hubiese habido un suicidio colectivo del GAP".

Sin embargo, el hecho de que los cuatro no cumplieran una de las normas de la agrupación les permite contar esta historia.

Como resume García, "había compañeros que querían luchar hasta el final y usar las últimas balas contra nosotros mismos. Así estaba definido previamente porque sabíamos que si había un golpe de Estado éste sería dado por el fascismo, y que si caímos en sus manos íbamos a ser torturados y no sabríamos hasta dónde resistiríamos sin entregar a nuestros compañeros".

Nadie de los GAP se suicidó en la derrota, como lo habría hecho un samurai.

García trata de explicarlo: "Quienes estábamos en Obras Públicas pensamos que era mejor salir del edificio, porque nadie sabía qué estaba pasando en el exterior y era posible que fuéramos más útiles".

Las bajas

Afirman que continuarán siendo socialistas a pesar de todos los intentos por dividirlos, como el que, según ellos, ocurrió con tres ex compañeros que se pasaron al PC y colaboran con la candidatura de Gladys Marín. Tal denuncia muestra un quiebre en la organización influida por la mesa de diálogo y las campañas presidenciales. Porque mientras los ex GAP comunistas rechazan dialogar con los militares, sí lo quieren hacer los ex GAP socialistas.

Incluso, García acusa que hay intentos de aprovecharse de los ex combatientes.

"En un momento dado se nos quiso manipular. Querían que nos organizáramos como grupo para darle duro al PS. Como no lo aceptamos, tres compañeros, que efectivamente fueron del GAP, pero que están contra nuestro partido, nos acusaron de traidores por estar de acuerdo con la mesa del diálogo".

"Uno levanta una piedra y aparece un GAP", prosigue molesto el actual jefe del GAP. "Queremos dejar muy en claro que los verdaderos somos quienes siempre estuvimos junto a Allende y le fuimos leales. No huimos, como otros".

Loyola cuenta haber comprobado en Tomás Moro cómo varios del grupo huyeron al primer disparo. Revela:

"Quise eliminarlos, pero me pareció que por la espalda no era justo. Fuimos afortunados quienes entonces no tuvimos miedo".

Como fuese, del medio centenar de GAP que en funciones a principios de septiembre del '73 quedan vivos menos de 20. Seis están en el exilio, en cuatro hay certeza de sus muertes y los demás están desaparecidos. La mayoría se esfumó en el Tacna y otros murieron en sus regiones y casas.

La nueva jefatura del GAP individualiza a los 16 combatientes de La Moneda, ocho en Obras Públicas, donde seis realmente combatieron porque dos "se quebraron". Pero desconoce cuántos hubo en la Intendencia, desde donde no se disparó. Sin embargo, allí fue detenido "Bruno", con unos 10 de sus subalternos que habían llegado en dos camionetas.

Es curioso, pero a pesar de todas las historias que se han contado sobre el 11, la directiva del GAP asegura que ninguno de ellos murió en La Moneda ni en el ministerio.

Pero denuncian que se les trató de exterminar porque, según expresa García, "fuimos protagonistas del hecho histórico de la incapacidad de las FF.AA. para lograr vencer a un grupo de personas, que sin ser profesionales de la guerra, las tuvieron en jaque. Para que eso no se supiera en ningún otro lugar lanzaron ese plan de exterminio".

Según ellos, hubo un bando que pidió ejecutarlos donde se les encontrase, se ofrecieron recompensas por radio y televisión y en todas las comisarías se pegaron carteles buscándolos. Por lo tanto, muchos fueron denunciados.

Plantean que si hubiesen caído combatiendo nadie habría reclamado porque eran las reglas del juego. "Pero quienes disparamos desde La Moneda y Obras Públicas creíamos que estábamos combatiendo contra soldados como los que existen en cualquier país. Por eso cometimos el error de entregarnos", sostiene García.

Con ayuda de abogados del PS en los próximos días presentarán una querella contra el general Pinochet y quienes resulten responsables de las desapariciones.

De "soldado a soldado"

"Sin duda fue muy duro dispararles a soldados hermanos nuestros", establece García. "Pero se acercaron demasiado a La Moneda y nuestra misión era defender al Presidente".

Elude la respuesta de si mató a algún uniformado: "No era nuestra misión contar a quienes cayeron, pero lo cierto es que contrarrestamos sus ataques, ya que nunca entraron por Alameda y Morandé".

Ramos: "Los militares deben decir la verdad de una vez por todas de cuántos fueron sus bajas en la Alameda".

Loyola: "Por eso levantaron en la zona donde más cayeron la 'llama de la libertad'. Está en memoria de los soldados que allí murieron el 11".

Querían preguntarle al general Ricardo Izurieta por qué, según ellos, se le dio una connotación distinta a ese lugar.

En este sentido, se consideran los primeros en pedirles una mesa de diálogo a lasFF.AA. Plantearon dentro del PS que iniciara las gestiones el dirigente Camilo Escalona, pero no resultó, quizás por la postura antidiálogo con los militares que sostiene éste.

Explica Ramos que, "como ex combatientes, tratamos de entrevistarnos de soldado a soldado con el general Izurieta para que ordenara devolver los cuerpos. Si dicen que no sabe, nosotros les daremos pistas. Lo estimaríamos como un gesto suyo".

Y no sólo eso, agrega Henríquez, también quisimos encontrarnos con los familiares de los soldados que cayeron muertos en la zona de La Moneda.Queríamos explicarles por qué les disparamos, ya que es posible que sigan creyendo que somos los malos de la película. Pero queremos dejar en claro que fueron engañados por sus mandos superiores. Queríamos decirles que no teníamos nada contra ellos, que sólo defendimos un gobierno y una Constitución. Queríamos crear algún tipo de lazo".

El hecho de que hayan salido ilesos de sus experiencias con las armas y se encaminen a conocer a sus nietos motiva diversas interpretaciones. Las resume Loyola: "Estaré para otro combate".

Memorias de un General

EL mayor general (r) Javier Palacios, el primer general que entró a La Moneda el 11 de septiembre de 1973 y vio a Salvador Allende suicidado en el 2.o piso, no juzga mal, militarmente hablando, a los GAP cuya misión fue defender al Presidente.

"Se la jugaron por una causa cuando vieron que no tenían chances. Como soldado debo reconocer que lo hicieron bien y fueron valientes. No estaban mal armados, pero en ningún caso como lo estábamos nosotros. Usaron un tipo de metralleta muy buena y cómoda, pero les faltó experiencia en ese tipo de combate, que dentro de casas o edificios es el más difícil".

Recuerda que quedaban muy pocos cuando entró a La Moneda, ya que muchos huyeron por la Cancillería. Pero comprobó que los últimos cinco o seis no se rindieron y dispararon hasta el final. No está seguro si alguno de ellos falleció, pero los heridos fueron llevados a diversos servicios médicos, asegura.

Fue originaria de uno de esos GAP la bala que lo hirió levemente. "Cuando entramos a una oficina, emergió un muchacho de rasgos araucanos, quien con una metralleta nos chorreó a balazos que pegaban en la muralla. Una de las balas rebotó y me pegó en la mano y me cortó solamente una venita", recuerda el general de 76 años, quien se retiró en 1978 del Ejército, estando en la sexta antigüedad y que desde hace siete años vive en Viña del Mar.

Los GAP entrevistados por "El Mercurio" creen que la misión del general Palacios fue tomarse por asalto la casa de gobierno, por lo cual lo responsabilizan de la desaparición de quienes fueron enviados al regimiento Tacna.

Sin embargo, el general Palacios asegura que no tenía responsabilidad en este sentido, ya que no mandaba a todas las tropas que entraron, sino solamente al regimiento Blindado, del cual el general Pinochet le ordenó hacerse cargo dos días antes del 11.

También sostiene que no debía entrar a La Moneda. Sólo debía actuar como reserva porque, según los analistas militares, iban a reaccionar los cordones industriales, a los cuales habría que bloquear. Estos no reaccionaron, recuerda, pero sí los GAP y empleados del régimen en los edificios colindantes a La Moneda. Su misión, entonces, cambió: rodear la casa de gobierno con los tanques y hacer que Allende se rindiera.

Dice que fue el primero en ingresar debido a una reacción espontánea: "Si estaban entrando los soldados y los oficiales jóvenes, cómo no iba a hacerlo un general".

Y de pronto se encontró con el teniente Armando Fernández Larios. Cree que el servicio de inteligencia del Ejército envió gente por su cuenta para identificar a los prisioneros, lo cual Palacios no podía hacer porque sólo a comienzos del '73 regresó de su cargo de agregado militar en Alemania.

Y cuando Fernández Larios vio que lo hirieron en la mano, lo vendó con un pañuelo que el mismo general le pasó y no al revés, como sostiene la crónica histórica.

Asegura no haber entregado a los GAP sobrevivientes - y al resto de los prisioneros tomados en La Moneda- al comandante del regimiento Tacna, como sostienen los ex defensores de la casa de gobierno. Afirma que, preocupado porque el palacio se quemaba y porque no aparecía Allende, enviaba a los prisioneros sanos al primer subterráneo del Ministerio de Defensa, donde funcionaba la fiscalía militar, y se les derivaba al Tacna o al regimiento Buin.

A pesar de su extrañeza de que hubiese tantos médicos y dentistas en La Moneda, los liberó, diciéndoles que se fueran a sus casas, pero que si se llegaba a saber que se fueron para otro lugar, les costaría caro. También dejó salir a "La Payita", porque se le dijo que era la secretaria del Presidente, pero sin saber que se trataba del personaje que después se puso a precio. Como se veía muy mal, hizo llamar a una ambulancia con la orden de que la llevaran al hospital, pero huyó en el camino.

De hablar franco, Palacios ha declarado que Allende hizo lo único que tenía que hacer y que, al suicidarse, actuó con mucha valentía y decisión.

Hace nueve años este militar causó conmoción entre los generales en retiro (y que provocó su salida de esa agrupación) cuando declaró a una revista que no era beneficioso para el Ejército que su Comandante en Jefe tuviese una diferencia de 15 o más años con quienes le seguían, porque se transformaba en una dictadura.

Dice que el tiempo le dio la razón porque el general Izurieta era el más joven de los postulantes.

El Día Más Largo

LO que le ocurrió a cada uno de los cuatro GAP revela cómo se organizó la defensa del gobierno de la Unidad Popular.

Durante la inquieta madrugada del 10 al 11 de septiembre a Isidro García le tocó hacer guardia en la puerta del dormitorio de Allende y de su esposa en Tomás Moro.

A las 6:30, una caravana de automóviles salió raudamente con el Presidente hacia La Moneda. Por las calles desiertas García manejó el auto tres, es decir, el Fiat 125 que debía cubrir cualquier hecho sospechoso. Iban armados con pistolas Browning de 9 mm y subametralladoras Uzi y Walter.

Dejaron a Allende en la puerta principal de La Moneda y los choferes se concentraron en el garaje ubicado al frente de Morandé 80. La recomendación fue permanecer atentos por si había que salir rápidamente, pero terminaron desarrollando los planes de defensa.

García se desplazó disparando desde diversas ventanas del ministerio. "Nuestra misión era impedir el avance de las tropas. Es posible que el bombardeo de la FACh se explique porque cubríamos todo el sector de Alameda por donde le fue imposible entrar al Ejército", estima.

Cerca de las 16 horas salió del ministerio. Los GAP fueron los primeros en abandonar el edificio, calculando, acertadamente, que los militares pensarían que se esconderían en los pisos superiores. La estrategia dio resultado, porque, como usaban terno y corbata, los confundieron con los funcionarios.

Y después de haber sido apretujados en la acera, les pidieron los carnés y los mandaron para sus casas.

Desde Tomás Moro

Ricardo Loyola debió cuidar a Hortensia Bussi de Allende y la casa de Tomás Moro. Hubo muy pocos defensores hasta que llegaron pobladores de las inmediaciones de la Escuela Militar. A 10 de ellos Loyola les enseñó rápidamente usar las metralletas rusas Aka. Desde el vecino colegio de las monjas inglesas dispararon contra los helicópteros de reconocimiento. Asegura que él abrió el fuego y que su pelotón derribó una nave. "Iban dos soldados con la puerta abierta y creo que logré herir o matar a uno. Ahí se inició el combate sólo con ellos porque la infantería nunca llegó".

Después de que la casa fue bombardeada por los Hawker-Hunter hubo una tregua al mediodía. El balance de las bajas de los defensores indicó un herido, pero ningún muerto.

Se decidió evacuar el lugar y Loyola se trasladó a La Moneda. Como le fue imposible entrar se dirigió a La Legua. "Allí combatí contra fuerzas del Ejército y hubo bajas por ambos lados, porque como les entregamos bastantes armas, muchos pobladores se sumaron para combatir".

En otra tregua abandonó La Legua para quedar a su suerte. Caminó con una pistola en un bolsillo hacia Recoleta, donde vivía, cruzando los cordones militares. "Estaba decidido: si me paraban, tenía que sacar el arma primero para que no me mataran sin haber hecho un disparo".

Para no quedarse en un solo lugar visitó a varios compañeros hasta que salió al exilio en febrero del '74.

Llegar a La Moneda

Ese martes 11 Enrique Ramos estaba libre como GAP. Se dirigió a pie hacia La Moneda, donde llegó hacia las 9:30, pero no logró entrar porque las puertas estaban cerradas.

Pasó inadvertido a los militares porque bastante gente aún transitaba por el sector. De allí lo sacaron unos periodistas esgrimiéndole razones de seguridad. Lo dejaron en Pudahuel. Durante todo el día trató de contactarse con compañeros del partido que estaban libres ese día y después trató de recuperar armas guardadas en un garaje de los escoltas. Pero como el único vehículo disponible era fiscal y no podía trasladarlas, desistió de hacerlo. En su imposibilidad de ayudar, alojó tres noches en una casa de seguridad, esperando inútilmente refuerzos o que les entregaran armas.

En cambio, el 11 sorprendió a Leonardo Henríquez en el PS, en San Martín, al llegar a Moneda. Temprano, "Carlos", uno de los miembros de la dirección del partido, le pidió que se dirigiera inmediatamente a La Moneda. Pero Carabineros ya había rodeado la casa de gobierno. Por lo tanto, pidió una camioneta que lo identificara como GAP para así franquear el cordón policial que estimaban leal al gobierno. Pero como no había vehículos disponibles, desistió de ingresar a La Moneda, "que era el objetivo en caso de un golpe, es decir, que todo el mundo fuera donde el Presidente".

Entonces Henríquez se dirigió con dirigentes socialistas menores a la industria Fensa-Mademsa, el lugar previamente designado para que se reuniera el comité central. "Pero no llegó casi nadie. Tratamos de adivinar cuál sería la reacción del partido y no logramos llegar a un acuerdo, ya que las posiciones iban desde que nos fuéramos para la casa hasta que resistiéramos".

Por lo tanto, nuevamente intentó ingresar a La Moneda. Ya se había provisto de un automóvil del Ministerio de Economía y algunas armas. Esa hora coincidió con el bombardeo y fue imposible además porque no solamente estaban los carabineros, sino también los militares. Debido a eso, Henríquez asumió la tarea de buscar las armas que estaban en algunas casas y encontrar un lugar para esconderlas con mayor seguridad. Así se les fue el día.

Como Henríquez continuó en su misión sobre un auto fiscal, fue detenido con un compañero ese mismo 11 cerca de la Escuela Militar.

No hubo sospechas inmediatas, sino que le dijeron que por seguridad mejor esperaran adentro. Al registrar el vehículo encontraron balas y en los interrogatorios los militares sacaron como conclusión que era del GAP.

La fortuna de Henríquez fue que los llevaron a una comisaría, donde, al cabo de simulacros de fusilamiento, encontró un oficial de Carabineros partidario de la UP, quien escribió una nota pidiendo la liberación de los dos GAP una vez que finalizara el toque de queda. Aunque ese oficial fue rápidamente dado de baja y degradado, dos días después la nota funcionó.

M.C.

Fuente: EMOL (Septiembre 1999)